Chalacos Notables de
Ayer
Alejandro Granda
La particular predilección de Mussolini por escuchar a Alejandro
Granda, el presunto matrimonio de este, mediante un poder, con la marquesa Alfia de San
Filippo y el detalle de numerosos eventos desconocidos de la vida del tenor en los Estados
Unidos, son apenas una muestra de la acuciosa investigación biográfica que Miguel
Molinari -entusiasta conocedor de ópera- ha realizado a lo largo de varios años,
logrando reunir un cuantioso archivo de fotografías, cartas, grabaciones y documentos
personales del célebre cantante que próximamente formarán parte de un libro editado por
la Universidad de Lima.
El Marino que se hizo cantante
Una cuenta de ahorros con el número 6324
del Bank of America fue abierta por el tenor peruano Alejandro Granda el 25 de febrero de
1955, con la suma nada despreciable de 2 mil 820 dólares y 93 centavos. Por ese entonces,
Granda vivía en Hollywood, California, y las cifras de su cuenta de ahorros reflejan que
no tenía mayores problemas económicos, aunque tampoco poseía una cuantiosa fortuna
personal. Es que -lejos de los gloriosos años que Granda vivió en Italia, donde inició
una meteórica carrera como tenor lírico spinto (capaz de abordar un repertorio
del género dramático tanto como del lírico), y se hizo mundialmente famoso cantando en
el teatro Scala de Milán- los años del tenor en los Estados Unidos fueron de mayor
tranquilidad. Efectivamente, en 1947 partió a la tierra del tío Sam, para regresar al
Perú catorce años después. "Poco se sabe con precisión de estos años , afirma
Miguel Molinari, quien, además de conducir un programa de ópera en una radio local, ha
investigado la vida del cantante chalaco, logrando reunir una impresionante cantidad de
fotografías, correspondencia y documentos suyos. Molinari ha escudriñado entre las
pertenencias de Granda que estaban en posesión de Carmen y Teresa Angobaldo Granda,
sobrinas del tenor que aún viven e hijas de su hermana Juanita Granda Relayza; las
únicas personas que atesoraron esas pertenencias, pues, aparentemente el cantante nunca
tuvo descendencia.
Matrimonio a la italiana
Las historias dicen que el tenor chalaco tuvo un hijo que murió en la Segunda
Guerra Mundial, hecho que nunca se ha podido probar fehacientemente. Algunos relatos, no
obstante, retratan a un Granda algo pasado de copas, melancólico y lloroso, que lamentaba
desconsoladamente "el hijo que perdí", según sus propias palabras. Pero el
relato tiene más sabor a leyenda que a realidad. Este hijo del puerto, sin embargo
-engendrado por Vicente Granda, un estibador con pinta de campesino italiano, pero que
según su partida de nacimiento fue peruano, y de Teresa Relayza, mujer negra oriunda de
Lambayeque-, tuvo gran suerte con las mujeres. Prueba de ello fue su amor tormentoso con
la marquesa Alfia de San Filippo, con quien sostuvo una relación en Milán desde mediados
de la década del treinta hasta mediados del cuarenta. Más allá de este hecho, se habló
siempre de un matrimonio entre la bella noble italiana y el cantante chalaco, aunque la
prueba de ello nunca se había visto. A su regreso a Lima, en 1946, Granda extendió un
poder en favor del hermano de la marquesa, Otto de San Fiippo, para gestionar el
matrimonio a distancia. El documento existe, y ha sido recuperado por Molinari. Lo que no
queda claro es si la marquesa firmó o no, y si consecuentemente lograron casarse. El tema
nunca fue esclarecido por el tenor, que mantuvo siempre cierta reserva al respecto. Más
conocida fue su relación con la soprano ítalo-norteamericana Dora Marinelli, con quien
retomó a Lima en 1932. Molinari ha recogido de boca del sobrino de Granda, Santiago
Campos, hijo de su medio hermano Santiago Campos Relayza, el dato que la Marinelli era
extremadamente celosa. No es de extrañar.
De marino a cantante
Los orígenes del tenor en el mundo lírico también han sido proclives a
mitos y versiones poco fundadas. La historia en tomo a su presentación en Palacio de
Gobierno, para cantar en presencia del dictador Leguía, por ciertas influencias de la
pianista y compositora Rosa Mercedes Ayarza, se inicia en los pasillos del buque factoría
Vulcano en 1917, cuando el joven Granda se alistaba pára ser marino. Tres años más
tarde, Granda es aceptado como marino mercante en el rango de "quinto
maquinista".
Aficionado al canto, Granda solía intervenir en cuanta
serenata hábía en el Callao con un repertorio básicamente criollo. Pero fue un tal
señor Bryce, contador del barco Huallaga y gran aficionado a la ópera, quien lo indujo
por primera vez a educar su voz, a escuchar las primeras arias, y quien creyó firmemente
que este joven marino mercante tenía un futuro distinto al de navegar por los mares. Es
entonces que el capitán Manuel Torrico lo escucha y promete ayudarlo, con la mediación
de Rosa Mercedes Ayarza, quien lo llevó a Palacio. La beca fue generosa, se dice. No
sólo cubrió sus gastos de viaje y hospedaje, sino los de su familia en el Callao,
además de los estudios en el conservatorio Giuseppe Verdi de Milán, en 1924. Contra todo
pronóstico, Granda no llegó a culminar ni un año de estudios en dicho centro. Molinari
sugiere que el joven tenor, con ciertas características vocales ya marcadas, fue
aconsejado que siguiera clases con el famoso Alfredo Cecchi, cosa que sería de más
provecho para su formación vocal.
Los acontecimientos posteriores son conocidos, pero
algunos detalles descubiertos por Molinari resultan novedosos: debuta profesionalmente en
1927, en el Teatro Sociale di Como, con la ópera Iris de Pietro Mascagni. Este,
impresionado por su talento vocal e histriónico, lo contrata para cantar Iris
durante una temporada. Esa misma noche firma contrato para presentaciones en Alemania y en
otras ciudades de Italia. Posteriormente, el director Arturo Toscanini lo convocaría para
el estreno mundial de Los psalmos húngaros de Zoltán Kodaly, en octubre de
1928, en el Scala de Milán. Dos meses después, realiza su debut como Cavaradossi en Tosca
de Giacomo Puccini, nada menos que un martes 25 diciembre.
Favorito del Duce
Una de las aseveraciones más sorprendentes que Molinari revela en su
investigación es la presunta predilección del dictador Benito Mussolini por escuchar a
Granda. Aparentemente, il Duce "no dejaba de ir a presentación alguna del
tenor". Este hecho, del cual Granda habló muy poco, le trajo problemas
posteriormente: a la caída del fascismo, los hostigamientos contra todos aquellos que
habían sido favorecidos por el régimen fascista fueron inaguantables, razón por la
cual, presumiblemente, el tenor aceleró su salida de Italia. En 1947 decidió radicar en
los Estados Unidos, e inició diversas presentaciones, la mayoría en Chicago, Nueva York
y San Francisco. Una de ellas fue en el Carnegie Hall, en memoria de Verdi, a los
cincuenta años de la muerte del compositor italiano, tal como señala el mohoso programa
que Molinari ha recuperado.
En contra de lo que dicen, Granda no murió ni rico ni
pobre. Su deceso fue ocasionado por un derrame cerebral en 1962, una muerte que se inició
con su regreso a Lima dos años antes, cuando sus propios colegas y compatriotas del
Conservatorio Nacional de Música le hicieron la vida imposible por el solo hecho de
querer enseñar canto. Nadie, pues, es profeta en su tierra.
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